sábado, 6 de febrero de 2010

Los árboles inversos 01/ 2010

Ocurrió del siguiente modo: mientras explicaba la obra de Eugène Atget a sus alumnos E., V. y Ch., el dibujante les mostró el catálogo de la exposición Atget, le pionnier (Hôtel de Sully, París, 2000), llamando su atención sobre la extraodinaria serie de fotografías de árboles del Parque de Saint-Cloud, que se conserva en la colección de la Bibliothèque national de Francia.

Dado que estaban sentados en distintos lados de la mesa, resultó que mientras ellos veían correctamente las imágenes, el dibujante las contemplaba al revés. Esta inversión repentina e imprevista de las fotografías -que el dibujante siempre había mirado de una manera correcta, es decir, "libre de errores o defectos y conforme a las reglas"-, le produjo el desconcierto de una revelación extrañada, que le recordaba el desorden de la lógica en los árboles invertidos de Rodney Graham.

Para el dibujante perplejo, el árbol era sólo una simetría abstracta de un cuerpo de madera que flota entre suelo y cielo, que duplica y complica las formas de sus partes: raíces y ramas eran prolongaciones bifurcadas de un organismo único expandido en el espacio -hacia arriba/ hacia abajo; hacia la oscuridad cerrada de la tierra/ hacia la luz abierta del cielo. Al duplicarse en un arriba y un abajo imposibles, todo pierde la función original o todo gana una nueva función: así, las ramas parecen raíces de aire y las raíces, ramas de tierra.



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