En el primer panel ("Panel A") de su Atlas Mnemosyne, Aby Warburg introdujo las imágenes de la "representación del firmamento con las constelaciones", el "mapa de las rutas del intercambio cultural" en Europa, y el "árbol genealógico de las familias Medici/ Tornabuoni", como ejemplos de tres "distintos sistemas de relaciones en las que el hombre puede hallarse inmerso: cósmico, terrestre y genealógico". A cada uno de esos sistemas, que planteaban la "distinción entre origen, lugar de nacimiento y situación cósmica", correspondería una "actividad del pensamiento", es decir: "orientación, intercambio y clasificación social" (WARBURG, Aby, Atlas Mnemosyne, Madrid, Akal, 2010).
Un árbol inverso es como un árbol genealógico porque, en realidad, un árbol genealógico es un árbol inverso que nace de un tronco común (el ser primero) y se desarrolla y crece -se reproduce, prolifera, procrea, se ramifica- en sus propias raíces.
La historia universal de la humanidad es un bosque infinito de árboles genealógicos: maleza de ramas y raíces enredadas por el tiempo, perdidas en el tiempo.
Un árbol genealógico es una huella, un rastro de existencias nacidas de un yo inicial, de un yo pasado (antepasado) que se sueña en sus otros yo futuros.
Un árbol que se proyecta sobre un mapa parece un camino reiteradamente bifurcado (multifurcado); crecimientos líneales que hacen posible una geografía del caminante sin rumbo, del individuo sin destino.
Necesitamos mapas para recorrer los árboles, hojas de ruta, planos secretos para profundizar en el significado de los bosques, para iluminar la topografía intangible de las oscuridades más profundas.

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