Cuando el dibujante llegó a San Miguel de Tajao, comprendió que aquella mañana no haría un dibujo en la arena: allí las playas son de piedra. Callaos negros, grandes o pequeños pero, también lajas inmensas -lenguas enormes de piedra- que se deslizan y se adentran en el mar. Un mar incesante que pule esta costa agreste. Allí, mar y roca componen una historia de desgaste que dura siglos.


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