El dibujante regresó a Tajao para resolver el enigma del hombre ante al precipicio. Pero sólo encontró un monolito que no le dió respuestas: era una piedra muda, ensimismada, más bien triste. Entonces, el dibujante fue a buscar la luz invisible del antiguo faro, el gran monolito que señalaba la punta de la isla.



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